Pesca de arrastre: un pulso entre la protección de los recursos marinos y la industria pesquera
Cada vez estamos mas cerca de comernos el último pez de los océanos, si no le ponemos remedio.
Por Luis Domenech
Los mayores megaarrastreros de Europa están vaciando nuestros mares a una escala que la mayoría de la gente ni siquiera puede imaginar. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, a finales de 2024 solo el 28 % de las poblaciones de peces de la UE analizadas se capturaron de forma sostenible. En el Mediterráneo y el mar Negro, esa cifra se reduce a apenas un 9 %.
La sobrepesca es la norma, y los europeos la están pagando
Estos barcos pescan de forma abusiva. Los datos recogidos y analizados por la organización Global Fishing Watch muestran que pasan cientos de miles de horas al año en Áreas Marinas Protegidas (AMP), unas zonas creadas específicamente para permitir la regeneración de las poblaciones de peces. Y es que estudios demuestran que las AMP totalmente protegidas podrían incrementar la población de peces hasta un 400 %. Una mejora imposible cuando un buque factoría de 143 metros arrastra sus redes por esas zonas.
Créditos de las fotos © Greenpeace
Y esto no es todo… Los propietarios de estos barcos han recibido decenas de millones en subvenciones públicas. Esos fondos públicos han contribuido a construir la misma flota que ahora está saqueando nuestros océanos. La pesca destructiva supone un pozo sin fondo y los europeos son quienes la están pagando.
Las familias propietarias de estos barcos operan mediante cientos de empresas filiales repartidas por docenas de países. Cuando las detienen, las sanciones rara vez se corresponden con la magnitud de lo que han capturado. El sistema está pensado para absorber las multas y seguir adelante.
Remolcadas las enormes redes por barcos que habitualmente sobrepasan la potencia reglamentaria, armados de cadenas y pesadas puertas de metal que mantienen el arte abierto mientras aran el fondo del mar y crean un efecto “embudo” hacia la red, los aparejos de arrastre crean graves impactos no sólo sobre las poblaciones de peces que pretenden capturar, sino en decenas de otras especies, tanto de peces como de crustáceos y moluscos.
Las artes de arrastre causan, además, graves daños sobre los fondos marinos, destruyendo áreas de suma fragilidad que tardarían décadas en recuperar sus niveles de biodiversidad, aún en el caso de que se dejase de arrastrar sobre ellas. La importancia de este impacto, advierte Oceana, se incrementa debido a que, en muchos casos, los patrones de los barcos arrastreros -aprovechándose de la tolerancia y la falta de inspección pesquera de la Administración- calan sus redes en zonas prohibidas, a profundidades inferiores a las permitidas y utilizando sistemas que reducen el tamaño de malla reglamentario, al objeto de capturar peces inmaduros.
La industria pesquera defiende el arrastre
«El lobby pesquero ha estado reaccionando violentamente al Plan de Acción de la Comisión Europea que busca una tímida y lenta eliminación de la pesca de arrastre de fondo dentro de las áreas marinas protegidas», afirman desde BirdLife. La industria pesquera se ha manifestado en contra de esta iniciativa europea y se ha organizado en torno a la European Bottom Fisheries Alliance (EBFA), una nueva coalición que agrupa a pescadores de 14 países europeos y cuyo portavoz es el gallego Iván López van der Veen, director general de Pesquera Ancora S.L., una compañía gallega que factura más de 15 millones de euros anuales en exportaciones a la Unión Europea. La UE tiene en el Mediterráneo unos 5.000 arrastreros. Italia cuenta con más de 3.000, España con unos 1.000 (50 de ellos en Baleares), Francia con 170 y Grecia con 300.
La EBFA reconoce en su página web que la pesca de arrastre tiene un impacto medioambiental, pero destacan que no es la actividad más dañina para el fondo marino. Según defienden, «los parámetros que tienen el mayor impacto en el océano en la actualidad son: la temperatura de la superficie del mar, la acidificación del océano, el aumento del nivel del mar, la contaminación y el transporte marítimo». Omiten el impacto climático de la destrucción de los lechos marinos y cómo esto, a su vez, repercute en todo los problemas que mencionan.
La organización pesquera asegura que no existe una alternativa sostenible a la pesca de arrastre de fondo dada la «demanda de proteínas» de una población mundial creciente. Sostienen que la oferta de pescado se va a ver reducida por los impactos del cambio climático y que, ante esta realidad, «hay que preservar los millones de toneladas de pescado que solo los arrastreros de fondo son capaces de desembarcar cada año».
Se olvidan de que la acuicultura ya ha superado a la pesca en la oferta de pescado a nivel mundial, pues en 2023, la acuicultura representó aproximadamente el 52,2% de la producción total de animales acuáticos, mientras que la pesca de captura supuso el 47,8% restante, consolidando la tendencia creciente del cultivo, según la FAO.
El arrastre supone el 40% de la facturación del sector europeo. La pesca emplea a unas 31.000 personas en España, cifra que supone el 20% del total en el conjunto europeo. El valor total de la producción del sector pesquero en 2020 en España ascendió a 2.043 millones de euros, un 10% más que el año anterior, según los últimos datos recopilados por la Confederación Española de Pesca (Cepesca). En 2022, el sector recibió 121,2 millones de euros –un 63% más que el año anterior– de los fondos europeos Next Generation. A pesar de estas cifras, la industria pesquera ha elevado el tono en contra de las políticas europeas por el Plan de Acción de pesca sostenible.
Por su parte, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, el socialista Luis Planas, se ha mostrado a favor de la posición adoptada por el sector. El pasado 16 de mayo, manifestó que la futura estrategia de la Unión Europea «no debe centrarse en limitaciones y prohibiciones». «Debe tener tener base científica y una evaluación de impacto adecuada, que integre la dimensión socioeconómica para mantener una actividad pesquera sostenible a largo plazo», afirmó.
«El lobby pesquero ha desatado mucho ruido»
La responsable de Pesca de Ecologistas en Acción, Cecilia del Castillo, reconoce que la pesca de arrastre es la menos sostenible, pero aboga por priorizar los incentivos a la protección de las áreas marinas frente a su prohibición de cara al 2030. «Necesitamos áreas marinas protegidas que tengan el apoyo de las comunidades y creemos que hay que apostar por una gestión más participativa», apunta. Considera que se debe promover la pesca artesanal y reducir el impacto de la pesca de arrastre mediante, por ejemplo, la reducción de captación de especies vulnerables o «buscando arrastre que no tenga puertas tan pesadas y que no arrase con todo lo que hay en el fondo».
También apunta que algunas zonas, como el caladero de Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz, se han protegido por su valor como zonas de migración de aves y que el arrastre (que supone el 50% de la pesca allí) no impacta en gran medida a estas especies. «Sí estamos de acuerdo en prohibir el arrastre allí donde haya una área protegida por sus valores del fondo». Castillo advierte de la importancia de frenar la sobrepesca en España. «El Mediterráneo es el segundo mar más sobreexplotado del mundo, solo por detrás del Pacífico Sudoriental. El 63% de las especies se pescan por encima de los límites biológicos sostenibles», explica la bióloga marina.
Además, del Castillo lamenta «el ruido, el clima violento y el populismo desatado por parte del lobby pesquero» contra la Unión Europea por las nuevas medidas que se plantean. «Van contra las ONG y culpan a Europa de todo; esto ha permeado tanto en la sociedad que vemos cómo los pescadores reclaman medidas que no les benefician». La responsable de Ecologistas reclama que se aplique el artículo 17 de la Política Pesquera Común, que establece que las posibilidades de pesca era una determinada especie no se pueden decidir por «criterios históricos y económicos como hasta ahora, sino por criterios sociales y ambientales. Es decir, que las empresas que se esfuercen en reducir su impacto y su huella climática reciban más posibilidades de pesca».
Casos de éxito de la cogestión pesquera
En el sector pesquero también hay ejemplos de colectivos que sí reducen su actividad. «No hay que meter en el mismo saco a todos los pescadores ni mezclar la pesca artesanal con la industrial», apunta la oceanógrafa Cristina Romera, autora de AntropOcéano (Espasa, 2022). La científica explica que la cogestión pesquera consiste en «la colaboración entre pescadores, científicos marinos, organizaciones ambientales y las administraciones para encontrar las mejores maneras de pesca que beneficien tanto a los pescadores como al medio marino».
La investigadora cita a una cofradía de pescadores de Barcelona que ha trabajado con científicos del Instituto de Ciencias del Mar-CSIC en la recuperación del sonso, un pequeño pescado que se come mucho en la costa catalana. Los pescadores habían observado que la población había empezado a disminuir y siguieron la recomendación de reducir su pesca a la mitad de la flota. Cuenta que no obtuvieron pérdidas económicas a causa de la subida del precio del pescado y del ahorro en combustible. Otro ejemplo de cogestión se ha dado en Vilanova de Arousa, donde biólogos marinos recomendaron no capturar a las hembras de pulpo en época reproductiva y se consiguió distinguirlas. O la creación de la Reserva de Os Miñarzos, en A Coruña, promovida por pescadores artesanales para la recuperación de especies muy explotadas como el pulpo, las centollas y las nécoras.
«Hay muchos pescadores que se preocupan por la sobrepesca porque de la abundancia de peces depende su subsistencia», sostiene Cristina Romera. «Los recursos pesqueros son públicos y se debe hacer una gestión para mantenerlos en el tiempo. Que haya pesca en el futuro depende de la salud de los ecosistemas, por eso es necesaria una transición justa que no deje pérdidas a las generaciones pesqueras. Muchos pescadores son muy conscientes de ello», concluye la responsable de Pesca de Ecologistas en Acción, Cecilia del Castillo.
Fuentes: Climática, Océana, El Observador, Los 40, Greenpeace, CEPESCA, EBFA







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