Los enemigos de la Amazonia son los gobiernos que han puesto el poder y las instituciones del Estado al servicio de su destrucción

Luisondome

FOTO: ISTOCK

La Amazonia, es la vasta región de América del Sur que repartida entre 9 países qye comprende la selva tropical de la cuenca fluvial del río Amazonas. Con más de 7.000.000 millones de kilómetros de extensión, la selva amazónica es considerada el bosque tropical más extenso del planeta, además de una de las ecorregiones con más biodiversidad de la Tierra.


Se trata de una selva de exuberante y tupida vegetación, siempre verde debido a las altas temperaturas y la elevada humedad que caracterizan al ecosistema, al cual en algunas ocasiones se le ha etiquetado indebidamente como el pulmón del planeta por su importante papel en la regulación del carbono atmosférico. En ella, aparecen representadas todas las especies de la flora tropical sudamericana, muchas de las cuales sin clasificar, además de una enorme cantidad de especies animales de todas las clases y más de 400 comunidades indígenas diferentes. Sin embargo, en las últimas décadas, la creciente oleada de presiones que se han venido tejiendo sobre este ecosistema, uno de los más diversos e importantes para nuestro planeta, han dado lugar a que la Amazonía este a día de hoy más amenazada que nunca, no solo por la deforestación y. los incendios, pues también hay que sumar el aumento de la minería ilegal, la explotación de hidrocarburos, las represas hidroeléctricas, la agricultura intensiva, y la pesca indiscriminada.


El Auge de la Minería de Oro en la Amazonia


La fiebre del oro en la Amazonia ha sido impulsada principalmente por la creciente demanda mundial de este metal para la fabricación de joyas, electrónicos y otros productos industriales. La región alberga vastos depósitos de oro, y los precios en alza han incentivado a empresas mineras y mineros informales a adentrarse en la selva en busca de riquezas. Sin embargo, esta búsqueda de beneficios ha traído consigo una serie de impactos negativos que amenazan la integridad del ecosistema y las comunidades locales.


Los impactos Ambientales


La minería de oro en la Amazonia conlleva una serie de consecuencias ambientales devastadoras. La deforestación es uno de los principales problemas, ya que grandes extensiones de selva son taladas para dar paso a las operaciones mineras. La eliminación de árboles y vegetación nativa reduce la capacidad del ecosistema para absorber carbono y contribuye al cambio climático. Además, la maquinaria utilizada en la minería y el uso de productos químicos como el mercurio y el cianuro contaminan los cuerpos de agua y el suelo, dañando la vida acuática y afectando la salud de las personas que dependen de estos recursos.


Los impactos Sociales


Las comunidades indígenas y locales que habitan la Amazonia han sido las más afectadas por la expansión de la minería de oro. La llegada de empresas mineras y mineros informales a menudo conlleva la usurpación de tierras, la degradación de sus fuentes de agua y la interrupción de sus modos de vida tradicionales. Además, la actividad minera suele traer consigo un aumento de la criminalidad, la prostitución y otros problemas sociales que afectan negativamente a estas comunidades.


Miguel Henrique Otero nos dice: “Nos equivocaríamos si aceptáramos el discurso que sostiene que la problemática de la Amazonia –su destrucción– es un asunto que interesa estrictamente a los nueve países que comparten la región amazónica, y que lo que está en situación de riesgo creciente, se limita a lo medioambiental y a la supervivencia de numerosas especies. Lo dicho hasta aquí, por sí mismo, es gravísimo, pero no da cuenta del conjunto de los peligros. Por ello, me apresuro a decir que las amenazas son mucho peores. Y que ellas se proyectan sobre la estabilidad y futuro inmediato del planeta”.


La Amazonía se extiende por 9 de los países de América del Sur. Estos países son Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela. El desastre de la Amazonía está sucediendo en todos y cada uno de los países que tienen jurisdicción sobre ella. La complejidad de la crisis de la Amazonia no solo se debe a que en ella concurren estos 9 países, sino a que en el caso de los países de superficie más pequeña –Guyana, Guayana Francesa y Surinam– la porción amazónica ocupa casi la totalidad del territorio: 98 %, 96,5 % y 90,1 %, respectivamente. Sin embargo, la suma de los tres, representa solo un poco más de 6 % de la Amazonia, lo que contrasta, de modo evidente, con la que ocupa Brasil, que es de 60,3 %, aproximadamente. 


Que sean 9 países los directamente involucrados, constituye una verdadera dificultad. Se trata de 9 legislaciones, de 9 gobiernos, cada uno con una política propia; de 9 entramados de intereses, donde los apetitos y las urgencias económicas, la corrupción, la economía extractivista, el uso de la selvas como guaridas o rutas del narcotráfico, han generado una cada día más peligrosa consecuencia: el avance indiscriminado de la destrucción. En el tiempo que el lector destine a la lectura de este artículo, unas 10 hectáreas en algún punto de la Amazonia serán arrasadas para siempre. Repasemos lo que ocurre en cada uno de estos países. 


Venezuela


En Venezuela lo que está ocurriendo es un programa sistemático de extracción brutal de las riquezas minerales de la zona, resultado concretísimo y evidente, de la alianza entre el régimen de Maduro, Cabello, El Aissami y Padrino López, con la narcoguerrilla del ELN y con otros grupos de la delincuencia organizada.


Imagen:AFP

La operación minera en curso, en la región sur de Venezuela, es una de las más feroces del planeta. Comienza con el destierro, la expulsión de comunidades indígenas de sus territorios y de los lugares en los que han vivido desde siempre. Pasa por el asesinato de los dirigentes sociales y comunitarios que se les resisten u oponen. Incluye el establecimiento de condiciones de vida bajo el yugo de criminales que amenazan, golpean, violan y abusan de los indefensos habitantes de la región. E incorpora, como parte del paisaje corriente, el tráfico y consumo de drogas, la venta de alcohol procesado sin control alguno, la prostitución de menores de edad, el acoso sexual sin disimulos, y muchas otras prácticas de coerción y control social.



Son más de un centenar de pequeños poblados y pueblos los que, ahora mismo, están bajo una situación de extremo sometimiento, sin acceso a ninguno de sus derechos, toda vez que este estado de cosas ocurre con la solidaridad, apoyo, protección o complicidad de unidades militares con los delincuentes.


Minería ilegal en Venezuela. Imagen: AFP


Que el Gobierno de uno de los países amazónicos mantenga un acuerdo que tiene implicaciones en el mundo del narcotráfico, el lavado de dinero, la exportación ilegal de minerales estratégicos a países enemigos de la democracia, el tráfico de personas y otros, no es ni podría ser un problema de nueve países, sino que es asunto que concierne a América del Sur, Estados Unidos y Europa, regiones destinatarias de drogas, de los dineros de la droga, del contrabando de oro y de otras mercancías que viajan sin control alguno. 


Un minero busca oro en el estado de Bolivar (Venezuela). Imagen: Reuters


Si Maduro es un enemigo siniestro de la Amazonia, es porque desde el gobierno, ha puesto el poder y las instituciones del Estado, incluyendo a las fuerzas armadas, al servicio de la destrucción. De hecho, la vasta región sur del país está militarizada, no para proteger a los ciudadanos, sino para ocultar, para invisibilizar, para evitar que la opinión pública, dentro y fuera de Venezuela, conozcan la extrema aniquilación en curso, cuyo carácter es ambiental, social, cultural, étnico, económico y humano.


PERU


Situada al oriente de las montañas de los Andes, la Amazonía constituye un tercio del territorio peruano, pero la presencia del Estado es mí­nima debido a las condiciones del terreno. Las autoridades peruanas estiman que organizaciones criminales ganan unos 2,600 millones de dólares al año a partir de la producción y venta de oro extraído ilegalmente en la Amazoní­a. En esta región la deforestación se triplicó en los últimos años, al pasar de 5,000 hectáreas en 2001, a 17,000 en 2016.


Minería intensiva en Perú


Una investigación de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (Spda), estableció que Perú encabeza la lista de los países donde hay una mayor cantidad de personas que trabajan en la minería de forma ilegal. En Perú se contabilizaron 150 mil personas que trabajan en forma informal, le sigue Brasil con un número mayor a las 75.200 personas, en tercer lugar está Colombia con casi 52 mil personas, en cuarto lugar se ubica Bolivia con 45 mil personas que trabajan de forma ilegal, en quinto lugar está Venezuela con 15 mil personas y finalmente se ubica Ecuador con 10.472.



El consumo de mercurio para la amalgamación del oro en los lechos de los ríos amazónicos —un problema común en todos los países estudiados— aumentó en los últimos años. El estudio establece que Colombia consume alrededor de 180 teneladas de esta sustancia, en segundo lugar se ubica Bolivia con 120 toneladas, en tercer lugar Perú con un consumo de 70 toneladas, le sigue de cerca Ecuador con 50 toneladas, Brasil con 45 toneladas y Venezuela, con 15 toneladas.


BOLIVIA


El oro es la segunda exportación más importante de Bolivia, que representa más de mil millones de dólares anuales y la creación de cientos de miles de puestos de trabajo para el país. Sin embargo, gran parte de ese oro tiene orígenes inciertos, viene de algún lugar en las profundidades de la selva del Amazonas en donde no se aplican las regulaciones ambientales.

Las empresas mineras montan sus campamentos en zonas aisladas de la selva y realizan sus excavaciones a horas o incluso días del pueblo más cercano. Obstruyen los caminos con excavadoras o, en otros casos, trabajan en dragas en medio de los ríos, lo que dificulta el rastreo de su producción. Algunos mineros también son cada vez más violentos: lanzan piedras y explosivos a barcos desconocidos y amenazan con tomar como rehenes a los visitantes.

La minería ilegal se extiende en la Amazonia, de la que forma parte Bolivia, con la Según un estudio de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (Spda), se calcula que en Bolivia hay unas 45 mil personas que trabajan en esta región de manera ilegal, especialmente en la explotación de oro con el uso de mercurio. 





El mismo informe indica que unos 13.500 niños son utilizados principalmente para el ingreso a los socavones; aunque este dato se refiere especialmente a la actividad minera tradicional en el occidente del país. Se considera que la minería en la Amazonia es exclusivamente a cielo abierto.




No obstante, también en los altos montes de la Amazonia boliviana existen yacimientos subterráneos que se combinan con la explotación aluvional. Además de oro, en estos yacimientos se explotan simultáneamente piedras preciosas y semipreciosas, como es el caso de la serranía de San Simón en el municipio de Baures, a orillas del río Iténes, Beni.


BRASIL


Brasil es el país que está sufriendo el mayor grado de deforestación del mundo, siendo el verdadero pulmón del planeta. A este desastre, ahora hay que dar cuenta de otro abso de explotación que puede ser aún mas grave por us consecuencias. Hablamos de la degradación de los ríos de la cuenca amazónica por la explotación minera, especialmente la del oro. Es un delito que ocurre a plena luz del día, sin tapujos”, afirma Danicley Aguiar, portavoz de la campaña amazónica de Greenpeace, que sobrevoló la región para investigar la denuncia del delito ambiental.


Balsas de la minería ilegal en el río Madeira, cerca de la comunidad de Rosarinho, en Autazes, a 110 kilómetros de Manaos, capital de Amazonas. Foto: BRUNO KELLY | GREENPEACE


En 2021 una investigación de Greenpeace descubrió como se socavaba el lecho Del Río Madeira, perteneciente a la cuenca del Amazonas, como se pudo comprobar con cientos de imágenes tomadas por la Organización sobre lo que estaba sucediendo. Las imágenes tomadas por la ONG muestran varias hileras de dragas y remolcadores de empuje, equipos que excavan el lecho del río en busca de mineral, colocados en el río Madeira, cerca de la comunidad de Rosarinho, en la ciudad de Autazes del Estado de Amazonas, a 110 kilómetros de la capital Manaos.


Habrían llegado un par de semanas antes atraídos por los rumores de un descubrimiento de oro en la zona. La ubicación es bastante estratégica, ya que la distancia de la capital dificulta la inspección. “El Madeira es el río con mayor biodiversidad del mundo. Alberga al menos 1.000 especies de peces que ya han sido identificadas. Este es un gigante que agoniza con las [presas] hidroeléctricas y una epidemia minera que nunca ha sido contenida”, afirma Aguiar.


La osadía de los garimpeiros, que explotan el río a plena luz del día, se debe a la licencia “política y moral” dada por Bolsonaro. A finales de octubre, el presidente visitó una explotación minera ilegal, o garimpo en portugués, en el territorio indígena de Raposa Serra do Sol, en Roraima, y defendió un proyecto de ley que regula la explotación de recursos minerales, hídricos y orgánicos en las reservas indígenas. “Este proyecto no es impositivo. Si quieren plantar, ustedes podrán plantar. Si van a garimpar [buscar oro y piedras preciosas], podrán hacerlo. Si quieren construir embalses en el valle del río Cotingo, van a poder hacerlo’”, dijo el presidente en esa ocasión.


Según un estudio publicado por MapBiomas, entre 1985 y 2020 el área explotada en Brasil creció seis veces de 31.000 a 206.000 hectáreas y la minería ilegal ya ocupa un área mayor que la de la minería industrial. El año pasado, tres de cada cuatro hectáreas explotadas en el país se encontraban en la Amazonia, con una especial presión sobre los territorios indígenas.


COLOMBIA


La Amazonía colombiana tiene un área aproximada de 48 millones de hectáreas (8 % del total de la Amazonía, equivalente al 42,4 % del territorio nacional continental), siendo una región de incalculable valor ecológico y cultural (está habitada por 62 de los 85 pueblos indígenas identificados en el país) para Colombia y el mundo. Contiene más del 65 % de los bosques del país que representan un total de 170 tipos generales de ecosistemas que reflejan la alta diversidad de manifestaciones físicas y bióticas. 


Imagen: Gaia Amazonas


En un extenso estudio realizado por la UNDOC, se dice que los hallazgos del monitoreo llevado a caben el territorio nacional durante 2021, reportan que 13 de los 32 departamentos presentan Explotaciones de oro por aluvión (EVOA) en tierra con un total de 98.567 hectáreas; el 88%  se concentra en Chocó (Antioquía) y Bolivar, y 10 municipios concentran el 54% de la presencia del fenómeno, de donde se extrae el 26% del oro nacional. Solo una baja porción de estas EVOA detectadas se encuentran dentro del marco legal: el 65% corresponde a explotaciones ilícitas, y cerca de la mitad de las EVOA en tierra se encuentran en zonas excluirles de la minería.


En otro estudio publicado en Research Gate, se afirma que La minería de oro se ha consolidado como uno de los principales motores económicos a nivel nacional. Sin embargo, su regulación ha sido insuficiente a la hora de establecer reglas y protocolos que garanticen una actividad extractiva con menores afectaciones ambientales y salubres. Por otra parte, la clandestinidad de la minería aurífera, sumada a las dificultades de acceso a algunos de los territorios en los que se desarrolla, ha derivado en que sea una de las economías menos estudiadas y vigiladas. Esto se ha prestado para que surjan explotaciones ilegales y se desarrollen modelos de corrupción que tienen como objetivo dar apariencia de legalidad a recursos provenientes de actividades ilícitas.


Desmantelamiento de una mina ilegal en la Amazonía. Foto: Ejército Nacional de Colombia


Además, algunos grupos armados ilegales han encontrado en la minería aurífera un método de financiación, bien sea a través de extorsiones o del control de las minas. A todo esto, hay que agregarle los daños en materia ambiental y de salubridad que genera la explotación de este metal, toda vez que para su extracción es frecuente el uso de sustancias como el mercurio y cianuro, que producen afectaciones en las fuentes hídricas, los ecosistemas y los habitantes. Por otra parte, en la región de la Amazonía, la minería aurífera tiene lugar en territorios habitados por comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas, lo que origina consecuencias a nivel social, cultural y económico. Además, despierta tensiones entre dichas poblaciones, las instituciones estatales y las compañías mineras, entre otros actores.


Las excavaciones siguen un patrón para hallar rastros de oro. En algunos puntos han excavado varios metros bajo tierra, creando lagunas de sedimento y lodo que han disminuido la fertilidad del suelo. (Foto: Ejército Nacional de Colombia)


Pero la minería ilegal aurífera no es la única economía ilícita presente en la Amazonía colombiana. Por su ubicación geográfica, condiciones de acceso y baja presencia estatal, en esta región también se ha identificado un número significativo de cultivos de uso ilícito. De hecho, más de una cuarta parte del total nacional de hectáreas sembradas en coca se encuentran en la Amazonía (odc, 2019). El desarrollo de estas dos actividades ilegales en tan amplia dimensión tiene a su vez consecuencias en los índices de violencia y, en algunos casos, deriva en la financiación de grupos criminales.


ECUADOR


En Ecuador, la industria minera afecta al 31% de los territorios indígenas de la Amazonía, una selva considerada como "el pulmón de la humanidad", según reveló este martes 27 de octubre del 2020 un estudio de Ecociencia, filial ecuatoriana de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (Raisg).


Imagen: MONGABAY


En Ecuador hay 425 concesiones mineras que se encuentran en estado de exploración o explotación y que se cruzan con territorios indígenas, lo que equivale a 65.189 hectáreas. Las nacionalidades indígenas ecuatorianas afectadas por esta realidad son de las etnias Cofán, Kichwa, Secoya, Shuar y Waorani, según datos de Ecociencia, que forma parte de Raisg, un consorcio de organizaciones de la sociedad civil que dirige su actividad a proyectos de sostenibilidad socioambiental en la Amazonía.


Dinámica de la actividad minera en el periodo 1998-2021. Provincia de Napo, Ecuador. Datos: MapBiomas Amazonía, 2022; EcoCiencia.


La industria minera ha afectado a 1 131 territorios de pueblos indígenas en la selva amazónica, de los cuales 370 han sido invadidos por la minería ilegal, según el estudio efectuado en seis de los nueve países que comparten esa región suramericana (Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela).


Otro estudio, denominado 'Minando Derechos: tierras indígenas y minería en la Amazonía' y elaborado por las organizaciones World Resources Institute (WRI) y Raisg, reveló que la minería afecta casi un tercio de los territorios indígenas, con una superposición de unos 450 000 kilómetros cuadrados entre territorios indígenas, concesiones mineras y minería ilegal. El estudio, además, dejó al descubierto que la minería ilegal en la Amazonía, especialmente la llamada artesanal y de pequeña escala, ha crecido de manera exponencial en los últimos años.


GUYANA


El territorio ancestral Wapichan Wiizi es el hogar de los pueblos Wapichan, Macushi y Wai-Wai, que viven en 21 aldeas a lo largo del sudoeste de Guyana. Según IWGIA, el Gobierno de Guyana incentiva la expansión minera en nuestros bosques, al mismo tiempo que promociona su conservación es un acto de cinismo intolerable. La exploración a gran escala de la minería artesanal está destruyendo las áreas de Marudi y sus alrededores.


Imagen cortesía de IWGIA


La minería en Marudi y la amenaza sobre sus alrededores ya muestran un impacto notorio en este importante punto de referencia cultural. Al haber reemplazado las áreas boscosas por grandes huecos llenos de residuos de la actividad minera, la zona se ha convertido en un caldo de cultivo de mosquitos portadores de malaria y dengue. Desde hace años, notamos que los peces son menos abundantes a medida que su hogar se va contaminando; los ríos ya no son seguros para consumir porque cada vez están más turbios; y los pájaros y animales que dependen del agua se están alejando, lo cual afecta también nuestro sustento.


Imagen cortesía de IWGIA

GUYANA FRANCESA


La Guyana Francesa es el único territorio europeo del Amazonas, aunque la incidencia de la industria y la explotación minera es mucho menor que en el resto de la selva, Francia destina esfuerzos para el combate de la minería ilegal. Según el diario peruano El Comercio, el territorio tiene más del 90% de su área cubierta por bosques, de los cuales casi su totalidad permanece libre de la intervención humana, según cifras de Naciones Unidas en 2010.



Gran parte del área forestal se encuentra en el Parque Amazónico de Guayana, creado en 2007 como "parque nacional", un tipo de área protegida con restricciones a la intervención humana y la explotación económica, aunque con excepciones para que las poblaciones nativas cacen y pesquen para subsistir. La zona forestal del país constituye, de hecho, la más grande protegida por la Unión Europea (UE). Sin embargo, solo contiene un 1,4% del área amazónica, muy lejos de Brasil, quien lidera estas cifras con el 58%.


Fuentes consultadas por BBC Brasil indican que, a pesar de que Francia explotó la riqueza natural de la zona durante la ocupación, esta fue mucho menor que en otras experiencias coloniales en América y África. Y esto es porque la ocupación europea se centró, sobre todo, en la costa más que en la parte sur, donde se encuentran los bosques amazónicos.

Existió un proyecto de minería industrial Montagne D'Or (Montaña dorada). Según un estudio de las empresas involucradas en el proyecto, existe la posibilidad de extraer 85 toneladas de oro en el área y generar 750 empleos directos y 3.000 indirectos. Este proyecto fue suspendido posteriormente por el Gobierno Frances de Macron por ser "incompatible" con la política medioambiental francesa pero subrayó que revisaría una decisión definitiva tras consultarlo con sus asesores.


Actualmente, en el parque amazónico de Guayana Francesa, la explotación está restringida casi al completo. Pero la minería ilegal supone un problema y en 2017 el Ministerio de defensa y la Fuerzas Armadas de Guyana, en colaboración con la Legión Extranjera Francesa, llevó a cabo 112 operaciones contra esta actividad. A menudo se dice que hay en el área amazónica de la Guayana Francesa entre 8,000 y 10,000 buscadores clandestinos, en su mayoría brasileños.


SURINAM


Un artículo publicado por el Amazon Conservation Team titulado “Amazon Gold Rush: Gold Mining in Suriname” (“Fiebre del Oro Amazónico: La Minería del Oro en Surinam”) examina la rápida expansión y los impactos de la minería en Surinam a través de la cartografía y de narrativas digitales.El estudio revela que entre los años 2000 y 2014, la actividad minera en el país suramericano creció enormemente, en un 893 por ciento. En este país, las regulaciones del uso de mercurio son generalmente débiles, lo que significa que se permite que lodo contaminado con mercurio corra libremente hacia arroyos y finalmente río abajo hacia otras fuentes de agua. Una vez que se separa del agua, el mercurio tiene impactos persistentes en la tierra, donde se puede quedar por miles de años.




Comparada con otros países suramericanos, Surinam aún mantiene mucha de su cobertura de bosques. De acuerdo a Global Forest Watch, Surinam perdió el 0,7 por ciento de su cobertura boscosa desde el 2001 hasta el 2014 – una pequeña proporción comparada a la de 6,9 por ciento en Brasil. Sin embargo, los paisajes boscosos de Surinam demuestran una creciente degradación desde el año 2000.


La Revista ambiental MONGABAY nos cuenta que mientras que los bosques tropicales amazónicos de Brasil y Perú son bien conocidos, los bosques extensos y antiguos de Surinam siguen estando entre los secretos naturales mejor guardados del mundo, de acuerdo al reporte digital. Pero la creciente demanda por el metal precioso amenaza con destruirlos.

“De acuerdo a nuestros cálculos, la deforestación causada por la minería del oro ha estado creciendo sostenidamente desde principios de siglo y muy aceleradamente en los últimos cinco años”, dijo Rudo Kemper, coordinador de sistemas de información geográfica y desarrollo de redes para el Amazon Conservation Team. La tasa promedio de deforestación desde el año 2000 es aproximadamente 3000 hectáreas al año, pero en el 2014 se perdieron alrededor de 5.712 hectáreas de bosques a la minería del oro. El estudio regional colaborativo REDD+ de Guiana Shield sobre la minería del oro muestra tendencias similares; un incremento de deforestación del 97 por ciento (casi el doble) desde el 2008 hasta el 2014, o una pérdida total de 53.668 hectáreas a causa de la minería en el 2014.


Mina de oro en Surinam. Foto cortesía del Amazon Conservation Team.


Los bosques prístinos de Surinam sirven de hábitat para especies únicas como el gallo de roca guayanés (Rupicola rupicola), la famosa rana dardo azul venenoso (Dendrobates tinctorius), el mono araña de cara roja (Ateles paniscus), y el oso perezoso de garganta pálida (Bradypus tridactylus). Jaguares, tapires, y osos hormigueros gigantes también tienen su hogar en la zona. 


La región es rica en minerales. Greenstone Belt, es donde ocurre la mayor parte de la minería del oro y está compuesta principalmente por los altiplanos boscosos de el Escudo Guayanés. Los conservacionistas están preocupados de que la rápida deforestación causada por las actividades de minería de oro tendrán un grave impacto en el hábitat de muchas de estas especies.


Bosque tropical en Surinam. Foto cortesía del Amazon Conservation Team.Bosque tropical


Las amenazas del mercurio no se sienten únicamente alrededor de las minas de oro. Como muchos de los ríos de Surinam se desembocan hacia el norte, cerca de las grandes ciudades en el Atlántico, gran parte de la población se encuentra en riesgo. De acuerdo al estudio, los distritos de Paramaribo, Wanica y Commewijne juntos constituyen una población de 400,000 personas – casi el 74,5 por ciento de la población total del país en el año 2012. Los ríos Surinam, Commewijne y Saramacca que fluyen a estos distritos están todos severamente afectados por la actividad minera río arriba. 


Desafíos de Regulación y Fiscalización


La falta de regulación efectiva y de fiscalización en la minería de oro en la Amazonia ha exacerbado los problemas. La presencia de mineros informales dificulta la supervisión de las operaciones y la imposición de prácticas más sostenibles. La corrupción y la falta de recursos para hacer cumplir las leyes ambientales también han contribuido a la proliferación de actividades mineras ilegales y dañinas.


Perspectivas de Cambio


A pesar de los enormes desafíos que se plantean, existen esfuerzos en marcha para abordar el desastre de la explotación de las minas de oro en la Amazonia. Organizaciones ambientales, gobiernos y comunidades locales están trabajando juntos para promover prácticas de minería responsable, impulsar la protección de áreas naturales clave y apoyar la economía sostenible en la región. La inversión en alternativas económicas, como el ecoturismo y la agricultura sostenible, puede proporcionar fuentes de ingresos que no dependan de la destrucción del medio ambiente.


Conclusión


La explotación de minas de oro en la Amazonia es un desastre ambiental y social que exige atención urgente. Los impactos negativos en la biodiversidad, los ecosistemas y las comunidades locales son alarmantes y requieren una acción concertada a nivel local, nacional e internacional. Si no se toman medidas para frenar esta devastación, el patrimonio natural de la Amazonia y sus habitantes estarán en peligro si no lo están ya, y las consecuencias se sentirán a nivel global en términos de cambio climático y pérdida de biodiversidad.




Fuentes: Mongabay, Amazon Conservation Team, IWGIA, BBC, Global Forest Watch, National Geographic


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